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日志


2006/5/22

La leyenda de los sentimientos.

LEYENDA DE LOS SENTIMIENTOS

 

Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos, virtudes y defectos de los seres humanos. Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura, como siempre tan loca, les propuso: ¿jugamos al escondite?

La intriga fiel a su condición, levanto la cara y la curiosidad sin poder contenerse pregunto ¿al escondite? ¿Y como es eso? Es un juego, explico la locura, en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras el resto se esconden y cuando haya terminado de contar, el primero al que encuentre, ocupara mi lugar para continuar el juego.

El entusiasmo se hallo secundado por la euforia. La alegría dio tantos saltos que termino por convencer a la duda, e incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La verdad prefirió no esconderse. ¿Para qué? Si al final siempre le fallaban y la soberbia opino que era un juego muy tonto (en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no había sido suya) y la cobardía prefirió no arriesgarse.

Uno, dos, tres.... comenzó a contar la locura. La primera en esconderse fue la pereza, que como siempre, se dejo caer tras la primera piedra del camino. La fe subió al cielo, y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir hasta la copa del árbol más alto. La generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para algunos de sus amigos: ¿qué si un lago cristalino? ¡Ideal para la belleza! ¿Qué si la rendija de un árbol? ¡Perfecto para la timidez! ¿Qué si el vuelo de una mariposa? ¡Lo mejor para la voluptuosidad! ¿Qué si una ráfaga del viento? ¡Magnifico para la libertad!

Así que termino por ocultarse en un rayito de sol, el egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... eso si, solo para él. La mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira en realidad se escondió detrás del arco iris) y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes, el olvido... ¡se me olvido donde se escondió!, pero no es lo importante.

 Cuando la locura contaba 999999,  el amor aun no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que diviso un rosal y, enternecido decidió esconderse entre sus flores. ¡Un millón! Contó la locura y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue la pereza, solo a tres pasos de la piedra. Después escucho a la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología, y a la pasión y al deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la envidia, y claro pudo deducir lo desesperado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la belleza y con la duda resulto más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir en que lado esconderse.

Así fue encontrando a todos: el talento entre la hierba fresca, la angustia en una oscura cueva, la mentira detrás del arco iris (mentira si ella estaba en el fondo del océano), y hasta el olvido, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite. Pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio.

La locura busco detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba a punto de darse por vencida, divisó un rosal y las rocas...  Tomó una rama y comenzó a mover los rosales, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al amor, la locura no supo que hacer para disculparse: lloro, rogó, imploro, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez se jugo al escondite en la tierra....

 

EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE  LE ACOMPAÑA

 

2006/3/24

La leyenda de Fatispes

(Para detener la música pulsa: Esc)

Cuenta  la  leyenda,  que  cada   mil  años  se  aparece  en  nuestro  mundo  un  ser  mitológico  de  aspecto  humano  conocido  en  el  infinito  de  los  tiempos  con  el  nombre  de  Fatispes.  Su  misión  es  recordar  a  todos  los  seres  vivos  del  planeta  que    cada  uno  forma  parte  de  un  todo,  éste  formado a  su  vez,   por  todo  lo  que  los  seres  vivos  realizan  en  él.  El  ser  humano  no  conoce  su  aspecto,   su  forma  es  la  de  la  naturaleza  pura  y  su  lenguaje  el  de  todos  los  seres  vivos.  Para  los  humanos,  el  citado  ser  forma  parte  de  la  mitología  y  de  las  leyendas,  y  nunca  han  reconocido  la  existencia  del  mismo,  aunque  siempre  se  le  ha  asociado  con  la  madre  naturaleza.

 

Mito  o  leyenda,  Fatispes  siempre  ha  tratado  de  conservar  el  orden  lógico  y  natural  de  la  vida  en  nuestro  planeta.  Para  realizar  este  fin,  cada  mil  años  se  presenta  de  una  forma  distinta.  Aunque  su  mensaje  y  su  ser  no  son  tangibles al ser humano,  para  realizar  su  objetivo  se  transforma  en  un  ser  vivo,  sólo  de  este  modo  puede  realizar  su  misión.  La  leyenda  afirma  que  con  el  cambio  del  milenio  Fatispes  se  convertirá  en  mujer  y  hablará  a  todos   los   seres   vivos  del  planeta.  No  se  sabe  a  ciencia  cierta  dónde  ni  cuando,  pero  de  seguro  que  esta  revelación  se  habrá  de  producir  justo  al  cambio  de  un milenio al otro.

 

Después  de  pasar  todo  el  día  en  una  máxima  concentración,  el  agotamiento  y  la  nada  acaban  por  vencerme.  La  única  oportunidad,  el  máximo  privilegio  debe  estar  reservado  para  otro, pensé.  Fracasado  y  resignado  vuelvo  a  casa.  Por  el  camino,  mi  cabeza  es un  manojo  de  reproches,  dudas  y  temores.  La  rabia  se  apodera  de  mí,  paro  el  coche  y  me  bajo  a  gritar dando rienda suelta a la impotencia que me aprieta furiosamente desde dentro.  La  escena  es  de  lo  más  humillante,  aunque por  suerte,  estoy  sólo.

 

Mientras  intento  aceptar  mi  fracaso  caigo  en  la  cuenta.  La  temperatura  es  agradable  y  con  un  ligero  olor  a  brisa  húmeda.  Me  quedo inmóvil,  pensativo,  mientras  una  pequeña   liebre,  que  se  había  situado  a  mis  pies  de  forma  sigilosa,  me  mira  fijamente,  con  una  mirada  oscura, comprensiva  y  tremendamente  natural.  Nunca  nada  ni  nadie  me  había  mirado  de  esa  manera.  Al  cabo  de  unos  segundos  interminables, y  casi  sin  poder  creerlo,  la  liebre  dijo:  “siempre  es  una  pesada  carga  el  fracaso  de una  especie”.

 

Cuando  hube  tranquilizado  los  nervios  y  atenuado  mi  pánico,  me  dejé  llevar  por  la  situación.  Casi  temblando,  pregunté  a  la  liebre  si  conocía  mi  situación,  y  sin  inmutarse  me  respondió:  “Siempre  fracasáis.  Sígueme  y  lo  entenderás”.  Comencé  a  seguirla  como  ella  me  había  indicado.  Al  cabo  de  dos  horas  llegamos  a  un  descampado  en donde  esperaban  muchos  animales.  Todos  estaban  en  silencio,  simplemente  esperaban.  No  me  atreví  a  romper  ese   mágico  silencio,  me  senté  entre  los animales,  y  esperé.  Pasada  la  media  noche,  desde  lo  lejos  comencé  a  divisar  una  figura  de  aspecto  humano  que  se  acercaba.  Al  poco  tiempo  ella   se  situó  de  frente  a   nosotros,    cruzó  un  poco  las  piernas,   extendió  los  brazos,   alzó las  palmas de  sus  manos  y  comenzó  a  hablar.

 

“Ya  estáis  todos”,  dijo  con  una  voz  suave.  “Vengo  a  recordar  que  no  se  puede  alterar  el  orden  natural,  que  todo  lo  que  hace  cada  uno  de  vosotros,  inevitablemente  repercute  en  otro  ser  casi al instante”.  En  ese  mismo  momento   una  inexplicable  sensación  de  paz  interior  me  reveló  aquello que   mis  ojos  no  pasaban  a  creer.  Estaba delante  de  mí,  con  esa  áurea  de  brillo  tenue  y  ese  aroma  a  frescura  que  sólo  una  diosa  podía  emanar.

 

Poco  a  poco,  cada  uno  de  los  animales  fue  exponiendo  sus  problemas  ante  ella.  “Si  les  doy  mi  don  más  preciado,  porqué  nos  matan  con  sus  coches”,  dijo  una  abeja.  “Si  siempre  tuve  que  matar  para  sobrevivir,  porqué  ahora  me  persiguen  por  ello”,  preguntó  un  lobo  situado a  mi  derecha.  “Si  nunca  le  hicimos  el  menor  dañó,  porqué  siembra  sus  carreteras  con   las  vidas  de  nuestros  hermanos”.  Acaso  nunca  piensan  que  condenan  a  muerte  a   esas  crías  sin protección  que  mueren  de  hambre  esperando  a  unos  padres  que  nunca  volverán,  replicó  la  liebre  que  me  había  invitado  a  tan  precioso  espectáculo.  “Si  les  damos  la  vida  para  que  respiren,  porque  quieren  acabar  con  todos  nosotros”,  preguntó  un  olmo  centenario  que  estaba  a  mi  espalda.  Al  poco  rato,  me  sentí   el  blanco  de  todas  las  quejas  que  cada  animal   exponía  con  resignación.

 

Cuando  todos  los  animales  hubieron  hablado,  ella  me  miró  fijamente  y  me  preguntó:  “Qué  tienes  que  decir”. No  supe  que  decir,    rompí    a  llorar como un niño.   “Hasta  que    los  humanos  no  sean  conscientes  de  que  todo  lo  que  hacen  a  la  naturaleza   les   afecta   igual  que  a  los  demás  seres,  nunca  podrán  buscar  una  solución”.  “No,  no  es  culpa  tuya”,   me  dijo.  Desde  hace  miles  de  años,   sufro  mi  error.  ¿Qué  fue  lo  que  hice  mal?.  ¿Dónde  me  equivoqué?. ¿Acaso   todo  ha  de  tener  un  principio  y  un  final,  y  es  el  hombre  mi   final?.  Nadie  dijo  nada,  el  silencio  era  más  que  suficiente  para  comprenderlo.

 

Cuando  me  desperté  por  la  mañana  pensé  que  no  había  sido  más  que  un   sueño,  una  pesadilla  provocada  por  mi  exceso  de  trabajo  y  las  infinitas  ganas  de  conseguir  mi  meta.  Pero  desde  aquel  día,  cada  vez  que  veo  un  animal,  una  masa  de  carne  deforme,  una  piel  o una  simple  mancha de  sangre  en  la  carretera, algo se muere en mi interior con una sacudida terrible. Y  pienso  que  no  es  algo  sin  importancia,  que  muchas  criaturas  seguirán  muriendo  por  que  nosotros  decidimos  inconscientemente  poner  coto  a  la  naturaleza  y  a  la  vida  del  resto   de  los  seres  de  este  planeta,  sin darnos  cuenta  de  que   cada  día,  junto  a  ellos  muere  una  pequeña  parte  de  todos  nosotros. Y  cuando  esto  pasa,  siempre  me  estremezco  pensando  que  sería  de  los  míos, si  un  día  saliera  de  mi  casa  y  no  regresara  jamás. 

 

De  esta  forma,  la  leyenda  de  la  diosa  Fatispes,  seguirá  durante  miles  de  años  siendo  una  incógnita,  hasta  que  finalmente  el  hombre  decida  consciente  o  inconscientemente,  acabar  también  con  la  leyenda. 
 
Copyright El Abad.
 

Albunes de fotos.

 

Hola visitante desconocido, con gusto te invito a que ésta sea tu casa. Poco a poco iré relatando mi historia, donde nací, como llegué a ser Caballero de Arturo, mis hechos y hazañas  y sobre todo, que pasó a partir de mi retirada a esta abadía, cuando contaba la noble edad de 45 años. Son ya más de 1300 años sobre estas ya viejas y cansadas espaldas, los cuales he aprovechado para dedicarme al estudio de todas las materias que el hombre ha ido descubriendo, así como viví en su momento algunos de esos descubrimientos que cambiaron el mundo. Ha sido un paso enorme desde la Antigua Edad Media hasta el siglo XXI. He visto las cosas más humanas que jamás pude imaginar... y desgraciadamente, las más ruines y deplorables, a día de hoy, no hay duda que ser humano es capaz de llegar a lo mejor y a lo peor en un abrir y cerrar de ojos.

 

Mis cansadas pupilas están llenas de viejas imágenes las cuales me gustaría compartir con todos vosotros que como nómadas habréis de llegar a esta, mi humilde morada. Que mejor manera de mostrar todas esas imágenes que crear una serie de álbumes, cada uno con un tema distinto y fáciles de elegir, puesto que de sobra es sabido que el ser humano posee gustos y aficiones diferentes.

 

Espero os gusten y recordad que son espacios vivos y que hoy han nacido, pero que con el tiempo sin duda, serán cada vez más grandes y espero que de la mejor calidad posible. Solo una cosa mas... aquel denominado: Lo que nunca debimos hacer...  desgraciadamente siempre estará lleno de recuerdos dolorosos y crueles, de todas las bajezas de las que el hombre es capaz, ya sea con el resto de la humanidad, con sus hermanos los animales o este bendito planeta; quizás no sean del todo agradables para ciertas sensibilidades, pero desde que se inventó la fotografía, se ha realizado una memoria histórica desde  finales  del siglo XIX hasta nuestros días.

 

Disfruta de la visita, si te gusta la música, no dudes en decirlo, así como de recomendar nuevos temas para que sean vistos por los demás. Espero que las historias que se cuenten en los blogs sean interesantes y que los textos os gusten.

 

Sin más....... estáis en vuestra casa. Un Saludo...  Yo, El Abad